¿Qué tiene que ver Wall Street con mi bolsillo?

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido, recientemente, que una de las formas tradicionales de diversificación financiera —combinar acciones y bonos— ofrece hoy menor protección frente a fuertes episodios de turbulencia que en el pasado. La razón es que, desde alrededor de 2020, ambos activos han mostrado una mayor tendencia a caer simultáneamente durante determinados episodios de tensión financiera.

Este fenómeno parece, a primera vista, exclusivo de los grandes centros financieros del mundo. Sin embargo, sus consecuencias pueden transmitirse hacia economías emergentes y pequeñas mediante las tasas de interés, los movimientos internacionales de capital, los tipos de cambio, el crédito, las inversiones, las pensiones, el comercio y otros canales.

Este trabajo explica el fenómeno desde lo más sencillo: qué es una Acción, qué es un

Bono y qué significa diversificar. Posteriormente, en análisis, diferencia entre las economías financieras desarrolladas, América Latina y tres casos centroamericanos —Costa Rica, Guatemala y Nicaragua— para finalmente responder una pregunta esencial para el ciudadano común: ¿Qué tiene que ver todo esto con mi vida económica y con mi bolsillo si nunca he comprado una acción ni un bono?

La respuesta es que la integración financiera mundial hace posible que una persona esté expuesta indirectamente a los mercados internacionales aun cuando nunca haya participado directamente en ellos, se una persona de a pie o un inversionista.

Introducción:

“un mundo financiero que parece lejano”

Cuando los medios de comunicación anuncian que Wall Street cayó, que los bonos estadounidenses perdieron valor o que los inversionistas están comprando oro como refugio, muchas personas en países como Nicaragua, Guatemala o Honduras pueden pensar: “Eso ocurre en Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver conmigo?”.  La pregunta es perfectamente razonable. Para una persona que nunca ha comprado una acción, nunca ha adquirido un bono y jamás ha participado en una Bolsa de Valores, el mundo financiero internacional parece pertenecer a otra realidad. Sin embargo, la economía mundial ha creado una red en la que los mercados financieros, los bancos, las empresas y los gobiernos están cada vez más relacionados. Por eso, para comprender el mensaje del FMI, primero debemos abandonar por un momento el lenguaje financiero y comenzar con dos conceptos muy sencillos: ¿Qué es una acción? ¿Qué es un bono?  A partir de ahí podremos entender por qué el comportamiento de los grandes mercados puede terminar teniendo consecuencias sobre economías mucho más pequeñas.

¿Qué es una acción?  Imaginemos que diez personas deciden crear una empresa. Necesitan $100,000 para comenzar. Cada una aporta $10,000. La empresa pertenece a los diez socios. Cada socio posee una parte de la empresa. Entonces, “una acción representa, simplificando, algo parecido a eso: una pequeña participación en la propiedad de una empresa. Cuando alguien compra una acción, no está simplemente comprando un papel. Está adquiriendo una pequeña parte de una empresa. Ahora, si la empresa crece y genera beneficios, el valor de sus acciones puede aumentar. Pero también puede suceder lo contrario. Si la empresa pierde dinero, enfrenta problemas o los inversionistas consideran que sus perspectivas empeoraron, el precio de sus acciones puede disminuir. Por eso una acción implica tanto una posibilidad de ganancia como un riesgo de pérdida.

¿Qué es un Bono? Ahora imaginemos algo diferente. Supongamos que un gobierno necesita dinero para financiar sus actividades. En lugar de pedir un préstamo únicamente a un banco, puede emitir un bono. El inversionista entrega su dinero al gobierno. A cambio, el gobierno promete devolver ese dinero posteriormente y pagar determinados intereses. Por tanto: Una acción representa propiedad. Un bono representa esencialmente un préstamo. Esta diferencia es fundamental. Cuando usted compra una acción, participa en la propiedad de una empresa. Cuando compra un bono, está prestando dinero a quien emitió ese bono. Los bonos pueden ser emitidos por gobiernos, empresas y otras instituciones.

¿Por qué se compran acciones y bonos? Porque representan diferentes formas de utilizar el dinero. Una persona que tiene $10,000 puede: 1) mantenerlos en efectivo; 2) depositarlos en un banco; 3) comprar un bono; 4) comprar acciones; 5)invertir en un fondo; 6) adquirir otros activos.

Cada alternativa tiene diferentes niveles de riesgo, rendimiento y liquidez. Aquí aparece una idea fundamental: Diversificar. Diversificar significa, en términos sencillos: no poner todo el dinero en el mismo lugar.

Si una persona coloca todo su patrimonio en una sola empresa y esa empresa quiebra, puede perder una parte enorme de su riqueza. Pero si distribuye su dinero entre diferentes inversiones, puede reducir determinados riesgos. Durante décadas, una de las combinaciones más conocidas fue: acciones + bonos.

¿Por qué acciones y bonos podían protegerse mutuamente? Durante muchos años se observó que las acciones y los bonos tendían a comportarse de manera diferente durante períodos de tensión. Cuando los mercados accionarios caían, los inversionistas podían trasladar dinero hacia los bonos, especialmente hacia bonos considerados seguros. Así: acciones “bajan, mientras bonos suben. La caída de una inversión podía ser parcialmente compensada por la otra. Esta relación constituyó una de las bases de la diversificación financiera moderna. El problema es que esa relación comenzó a cambiar; y hoy en día los análisis del Fondo Monetario Internacional muestran un comportamiento diferente.  Por tanto el fenómeno que ha llamado la atención del FMI, es que en febrero de 2026, economistas del FMI publicaron un análisis titulado “Stock-Bond Diversification Offers Less Protection From Market Selloffs”. El mensaje central es sencillo: “La diversificación entre acciones y bonos ofrece hoy menos protección frente a determinadas fuertes caídas de los mercados.”     Entonces, el FMI ha identificado un cambio importante alrededor del final de 2019 y, especialmente, desde la pandemia.

Desde entonces, acciones y bonos han mostrado una mayor tendencia a venderse simultáneamente durante episodios de fuerte tensión financiera. Esto no significa que acciones y bonos siempre caigan juntos. Tampoco significa que diversificar haya dejado de tener sentido. Significa algo mucho más preciso: La relación histórica que hacía que los bonos compensaran las pérdidas de las acciones se ha debilitado. Y eso cambia la forma en que los grandes inversionistas deben pensar el riesgo.

¡¡¡Ahora bien!!! ¿Por qué pueden caer los dos al mismo tiempo? Aquí aparece uno de los mecanismos económicos más importantes. Supongamos que la inflación aumenta fuertemente. Los bancos centrales reaccionan aumentando las tasas de interés. Entonces ocurre algo parecido a esto: “la inflación sube y afecta la tasade interés que también muestran un crecimiento, implicando con ello un “financiamiento mas caro”, afectando menores perspectivas para empresas, ya que afecta a que las Acciones pueden caer , pero al mismo tiempo las tasas de interés crecen,  y entonces los “ Nuevos Bonos  ofrecen mejor o mayor rendimientos. Pero los Bonos Antiguos, se vuelven relativamente menos atractivos y sus precios pueden caer. Por tanto, un mismo fenómeno —la inflación y la respuesta de política monetaria— puede afectar simultáneamente a acciones y bonos. Este es uno de los cambios fundamentales que está explicando el FMI actualmente.

Hay que destacar que el problema no comenzó solamente con la pandemia. El FMI identifica aproximadamente el final de 2019 como un punto de inflexión en la relación entre acciones y bonos. Posteriormente, los shocks asociados a la pandemia, los problemas de oferta y el fuerte aumento de la inflación hicieron más evidente el cambio. Entre 2000 y 2019 predominaba una relación inversa que ayudaba a los inversionistas a reducir riesgos. Después de 2020 aumentaron los episodios en los que ambos activos se vendieron simultáneamente. Esto tiene una consecuencia importante: Los modelos financieros construidos utilizando exclusivamente la experiencia del pasado pueden subestimar los riesgos actuales. En otras palabras: EL PASADO FINANCIERO YA NO NECESARIAMENTE REPRESENTA BIEN EL MUNDO FINANCIERO ACTUAL.

La pregunta es: ¿Esto afecta a todos los países de la misma manera?, la respuesta es No.  Y aquí debemos hacer una distinción fundamental. El fenómeno descrito directamente por el FMI tiene su mayor importancia en las economías con mercados financieros profundos y grandes cantidades de acciones y bonos negociados. Por eso debemos analizar tres niveles: 1. Economías desarrolladas. 2. Economías latinoamericanas. 3. Economías centroamericanas pequeñas. “La conexión existe en los tres niveles, pero funciona de manera diferente”.

Primer nivel: Estados Unidos, Europa y otras economías desarrolladas

En Estados Unidos, Europa, Japón y otros grandes mercados existe una enorme cantidad de:

  • acciones;
  • bonos públicos;
  • bonos corporativos;
  • fondos de inversión;
  • fondos de pensiones;
  • compañías aseguradoras;
  • bancos;
  • fondos de cobertura;
  • inversionistas institucionales.

Millones de personas participan directa o indirectamente en esos mercados. Por eso, cuando acciones y bonos caen simultáneamente, el efecto puede ser considerable. Puede afectar: fondos de pensiones aseguradoras bancos fondos de inversión empresas hogares.

Además, cuando los inversionistas tienen pérdidas importantes, pueden intentar vender activos rápidamente. Eso puede generar una segunda ronda de pérdidas. Por ello, el FMI advierte precisamente que estas ventas simultáneas pueden amplificar los movimientos de los mercados y generar problemas de desapalancamiento y liquidez.

El mundo financiero desarrollado funciona como el centro de una red. Podemos imaginar la economía mundial como una gran red. En el centro encontramos grandes mercados financieros: Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokio, Shanghái.  En ellos se concentran enormes cantidades de capital. Cuando ocurre un shock importante, sus efectos pueden transmitirse hacia otros mercados. Pero aquí aparece una cuestión esencial: La transmisión no necesita producirse porque un ciudadano de Nicaragua, de Centroamérica, etc. compre una acción de Estados Unidos. Puede producirse a través de los bancos, las tasas de interés, las monedas, las inversiones y el comercio.

Segundo nivel: América Latina

América Latina tiene mercados financieros considerablemente menores que Estados Unidos o Europa. Sin embargo, algunos países poseen mercados de capitales relativamente desarrollados. Podemos observar especialmente: Brasil, México, Chile, Colombia.  Estos países están integrados en los mercados financieros internacionales. Por tanto, cuando cambian las condiciones financieras internacionales, pueden producirse movimientos en:

  • bonos;
  • monedas;
  • tasas de interés;
  • acciones;
  • flujos de capital.

Pero existe una diferencia importante. Una crisis financiera en Estados Unidos no significa automáticamente que todos los países latinoamericanos sufran exactamente el mismo impacto.

El efecto depende de: reservas internacionales + deuda externa + régimen cambiario + estructura financiera + exposición comercial + política monetaria + confianza de los inversionistas. Por eso, la misma crisis puede producir efectos muy diferentes en distintos países.

La transmisión puede ser más importante que la Bolsa. Aquí encontramos una de las ideas centrales de este trabajo o análisis. Cuando hablamos de la relación entre Wall Street y América Latina, no debemos pensar únicamente en las bolsas. Hay que mirar el sistema financiero completo. Por ejemplo: FED aumenta las tasas, lo que implica que los activos estadounidenses ofrecen mayores rendimientos, lo que también implica que “algunos capitales internacionales se desplazan hacia Estados Unidos” y puedan disminuir los flujos hacia economías emergentes. Así mismo, implica las monedas de países emergentes pueden depreciarse, e implicar aumento de tasas locales, esto implica afectaciones en el crédito (encarecerse) y por consiguiente reducir la inversión y el consumo.   Así es como un fenómeno financiero puede terminar llegando a la economía real.

Tercer nivel: Centroamérica

Aquí encontramos una situación mucho más interesante. Costa Rica, Guatemala y Nicaragua y demás países la región, tienen mercados financieros considerablemente menores que Estados Unidos. Pero están integrados, en diferentes grados, al sistema financiero internacional. La diferencia está en cómo reciben el impacto.

Costa Rica: un ejemplo especialmente importante. Costa Rica permite observar claramente cómo una persona puede estar vinculada al mercado financiero internacional sin comprar personalmente una sola acción. Los fondos de pensiones administran los ahorros de millones de trabajadores y esos recursos son invertidos.

Según la Superintendencia de Pensiones (SUPEN), a septiembre de 2025 el 38.5% de los activos del Régimen Obligatorio de Pensiones (ROP) estaba invertido en el extranjero. El porcentaje había aumentado 4.9 puntos porcentuales respecto al año anterior. Esto significa algo extraordinariamente importante: Un trabajador puede nunca haber comprado una acción extranjera, pero una parte de su ahorro para la jubilación puede estar invertida fuera de Costa Rica. Por tanto: mercados internacionales implica fondos de pensiones y ahorros del trabajador. La conexión financiera es directa, aunque el trabajador no participe personalmente en la Bolsa. Costa Rica constituye, por tanto, un ejemplo muy claro de cómo la globalización financiera puede llegar hasta el patrimonio de una persona común.

Guatemala: un mercado más pequeño y diferente. Guatemala presenta una estructura financiera distinta. El mercado de valores tiene una dimensión considerablemente menor que los grandes mercados internacionales. La propia estrategia nacional de inclusión financiera ha planteado promover el acceso de pequeños inversionistas a instrumentos como los Bonos del Tesoro y fortalecer el mercado de valores. Por tanto, para un ciudadano guatemalteco, el efecto de un shock financiero internacional probablemente no se transmite principalmente porque tenga acciones estadounidenses. Puede transmitirse por: tasas internacionales, implicando costo del financiamiento, lo que implica Bancos, Crédito y Empresas y Hogares.  También por el tipo de cambio, el comercio, los flujos de capital y otras conexiones internacionales.

Nicaragua: el caso más ilustrativo. Nicaragua nos permite observar todavía mejor la diferencia entre: mercado bursátil y sistema financiero. El mercado de valores nicaragüense existe, pero es pequeño en comparación con los mercados desarrollados. Además, su estructura está fuertemente concentrada en valores públicos. Durante 2025, el BCN reportó operaciones por aproximadamente: C$649,426 millones en valores públicos frente a C$957 millones en valores privados. Es decir, el mercado está dominado ampliamente por instrumentos públicos.

El BCN señala además que las instituciones financieras privilegiaron principalmente los valores públicos para administrar sus excedentes de liquidez, especialmente las Letras del Banco Central. Esto nos permite establecer una conclusión importante: Nicaragua no tiene una exposición a Wall Street comparable con la de Estados Unidos porque su mercado accionario es muy pequeño. Pero eso no significa que Nicaragua esté aislada financieramente.

 ¿Cómo está conectada Nicaragua con el sistema financiero internacional? Principalmente mediante otros canales: Primer canal: tasas de interés. Las condiciones monetarias internacionales influyen sobre las condiciones financieras nacionales. El propio BCN señala que en 2025 sus decisiones sobre la Tasa de Referencia Monetaria tomaron en consideración la evolución de las condiciones monetarias internacionales e internas. Segundo canal: sistema bancario. La economía nicaragüense depende mucho más del sistema bancario que del mercado accionario.

En 2025 la cartera de crédito del sistema bancario, financieras y microfinancieras creció 13.5%, mientras los depósitos del público aumentaron 15.2%. Por tanto, para Nicaragua, el canal: mercados internacionales sistema bancario crédito es mucho más importante que: Wall Street Bolsa de Nicaragua.

Tercer canal: el mercado cambiario. Una economía pequeña y abierta también recibe los shocks externos a través de las divisas. Cuando cambian las condiciones internacionales, pueden cambiar los flujos de dólares, la demanda de divisas y las condiciones financieras. En Nicaragua esto es especialmente relevante porque el dólar tiene una presencia muy importante en la economía. El BCN informó que en 2025 las operaciones del mercado cambiario alcanzaron US$23,474 millones, 21.9% más que en 2024. Por tanto, el mercado cambiario constituye otro canal de conexión con el exterior.

Cuarto canal: comercio y precios. Supongamos que ocurre una crisis internacional. Puede aumentar el precio del petróleo. Nicaragua importa petróleo. Entonces: el precio del petróleo internacional sube, implicando costos en el transporte, en la producción, los precios de la canasta básica se elevan y se genera un menor poder adquisitivo.  Aquí el ciudadano no necesita saber absolutamente nada de acciones o bonos. Sin embargo, está recibiendo las consecuencias de un shock internacional.

 Y AQUÍ LLEGAMOS A LA PREGUNTA FUNDAMENTAL: ¿Qué tiene que ver todo esto con mi vida económica?  Mucho más de lo que parece, ya que usted, querido lector, puede no poseer: acciones;

  • bonos;
  • fondos de inversión;
  • cuentas de corretaje.

Pero probablemente posee o utiliza:

  • una cuenta bancaria;
  • un préstamo;
  • una tarjeta de crédito;
  • una vivienda;
  • un automóvil;
  • productos importados;
  • combustible;
  • un empleo;

Todos ellos forman parte de una economía conectada al sistema financiero. Por eso debemos cambiar una idea: “Si no invierto en Bolsa, el mercado financiero no me afecta.” La afirmación correcta sería: “Si vivo dentro de una economía integrada al sistema financiero internacional, estoy expuesto indirectamente a sus movimientos.”

¿Cómo puede llegar esto hasta mi bolsillo? Podemos resumirlo en una cadena sencilla: Shock financiero internacional que implica que cambian tasas y expectativas, cambian los flujos de capital, el valor de monedas y los costos financieros, cambian las condiciones del crédito y por ello la cadena se extiende a a decisiones de empresas, familias, etc. afectando la actividad económica finalizando con efectos en el consumo y el ingreso de las familias, empresas, etc.  Esta es la verdadera conexión entre Wall Street y el ciudadano común.

Un ejemplo relevante de esta cadena de efectos son las “pensiones” en el Costa Rica permite observar una conexión todavía más directa. Los trabajadores acumulan recursos para su jubilación. Las administradoras invierten esos recursos. Una parte importante del Régimen Obligatorio de Pensiones costarricense está invertida en el extranjero. Entonces: el mercado internacional afecta las inversiones de fondos de pensiones y los rendimientos del fondo y el ahorro para la jubilación.

El trabajador puede no conocer siquiera el nombre de las empresas o bonos en los que está invertido su fondo. Pero financieramente está conectado con ellos.

 ¿Significa esto que debemos tener miedo de los mercados financieros? La respuesta es que No. Y este punto es muy importante. El análisis del FMI no dice que las acciones sean malas ni que los bonos sean malos. Tampoco dice que la diversificación haya perdido completamente su utilidad. Lo que describe es que “que las relaciones históricas entre activos pueden cambiar, y por tanto: diversificar sigue siendo importante”.

LA GRAN PARADOJA.

Aquí encontramos una de las conclusiones más interesantes de todo este análisis. Mientras más desarrollado es un mercado financiero, más directa puede ser la transmisión financiera. Pero, incluso un país con un mercado bursátil pequeño puede recibir importantes efectos indirectos. Por ejemplo. Nicaragua no necesita tener un Wall Street propio para recibir efectos de Wall Street. Costa Rica no necesita que todos sus ciudadanos sean inversionistas. Guatemala no necesita tener millones de accionistas. Lo que necesitan es estar integrados a la economía mundial. Y los tres lo están.

¿Qué significa finalmente para el ciudadano común?

Significa que debemos dejar de pensar en la economía financiera como algo reservado para millonarios. La economía financiera termina relacionándose con: nuestro crédito, nuestro ahorro, nuestro empleo, nuestra pensión, los precios, el valor de las monedas, las inversiones, la vivienda y el consumo.

Por eso, aunque nunca hayamos comprado una acción, vivimos dentro de una economía en la que las decisiones financieras internacionales pueden terminar afectándonos.

El mensaje del FMI puede parecer, a primera vista, un asunto reservado para grandes inversionistas. En realidad, contiene una lección mucho más amplia. El sistema financiero mundial está cambiando.

La relación histórica entre acciones y bonos se ha debilitado desde alrededor de 2020, especialmente durante episodios fuertes de tensión. Esto significa que algunos mecanismos tradicionales de protección financiera ya no funcionan exactamente como en el pasado. Pero la importancia de este fenómeno no termina en Wall Street. Los mercados financieros forman parte de una red internacional. En los países desarrollados, la conexión es directa y profunda.

En América Latina, la transmisión ocurre a través de mercados financieros, bancos, monedas, deuda y flujos de capital. En Centroamérica, la situación es diferente nuevamente. Costa Rica muestra cómo los fondos de pensiones pueden conectar directamente el ahorro de los trabajadores con los mercados internacionales. Guatemala presenta una economía donde el sistema bancario y otros canales tienen un papel mayor que la Bolsa. Nicaragua representa un caso todavía más particular: un mercado de valores pequeño y dominado por valores públicos, pero una economía que continúa conectada al exterior mediante bancos, tasas, divisas, comercio y otros flujos financieros.

Por eso, la verdadera enseñanza puede resumirse en una frase: No necesitamos invertir en Wall Street para vivir en una economía influida por Wall Street.

La cuestión verdaderamente importante no es solamente saber si las acciones subieron o bajaron. Es comprender cómo esos movimientos se transmiten desde los grandes centros financieros hasta las empresas, los gobiernos y finalmente hasta las familias.

Y cuando entendemos esa cadena, dejamos de mirar las noticias financieras como algo lejano, ¡o como que si no nos importase…!

Comenzamos a entender que detrás de una tasa de interés, una variación del dólar, un precio del petróleo, una decisión de la Reserva Federal o una caída de los bonos puede existir una cadena económica que, tarde o temprano, puede terminar llegando hasta nuestra propia economía. Desde Wall Street hasta nuestro bolsillo existe una cadena. Comprenderla es comprender una parte fundamental de la economía del siglo XXI.

Por:  ALEJANDRO ARAUZ  L.

FUENTES:

  1. Fondo Monetario Internacional (FMI) — fuente principal

Adrian, T., Kramer, J., & Malik, S. (2026, 18 de febrero). Stock-Bond Diversification Offers Less Protection From Market Selloffs. IMF Blog, International Monetary Fund.

  1. Fondo Monetario Internacional — Global Financial Stability Report 2026

International Monetary Fund (2026, April). Global Financial Stability Report: Global Financial Markets Confront the War in the Middle East and Amplification Risks. Washington, DC: IMF.

  1. Banco Central de Nicaragua — Informe Anual 2025. Banco Central de Nicaragua (2026). Informe Anual 2025. Managua: BCN.
  2. Banco Central de Nicaragua — Informe de Estabilidad Financiera

Banco Central de Nicaragua (2026). Informe de Estabilidad Financiera, abril de 2026. Managua: BCN.

  1. Banco Central de Nicaragua — Informe del Mercado de Valores

Banco Central de Nicaragua. Informe del Mercado de Valores en Nicaragua. Managua: BCN.

 

 

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